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Legal

LA IMPORTANCIA DE LA IMPLEMENTACIÓN DE LA CULTURA DEL COMPLIANCE

No importa cuán buenos sean los procedimientos implementados, son ineficaces sin una auténtica «Cultura Compliance» en toda la organización.

Desde su concepción el compliance fue como respuesta a actos de corrupción y malas prácticas corporativas, tal es el caso del Enron -el mayor en una serie de escándalos que afectaron la reputación del mundo corporativo estadounidense-, y durante su evolución sigue estando marcada por escándalos. Conforme acontecen crisis nuevas en el comercio provocadas por la mala praxis de algunas entidades en el mundo, van llevaron a la implementación de nuevas regulaciones normativas y obligaciones legales, así como la formulación de nuevos tipos de sanciones. En sus comienzos fue adoptado para sesgar la responsabilidad de la alta dirección sobre las operaciones de sus empresas, ahora para buscar ser eximidos respecto a la comisión de delitos, o en su defecto, la atenuación de las penas. Sin embargo, hoy por hoy, mi recomendación no es sólo por estos temas legales, sino que debemos adoptar como primer principio lograr la integridad de la organización, y después pensar en la parte de las responsabilidades, de esta forma se planea y ejecuta su implementación. Con un pensamiento así sucede que, sea tomado con un enfoque diferente: recuperar y mantener una reputación institucional.

Recordemos que las cuestiones más relevantes actualmente en el contexto comerciales son la lucha contra la corrupción y la necesidad de aumentar los niveles de transparencia, razón de existencia obligada de los presupuestos éticos y jurídicos de la actividad empresarial. Las repercusiones éticas, jurídicas y económicas en el desarrollo y evolución de los modelos de cultura empresarial en el marco global tienen también una especial trascendencia en el ámbito del Derecho fiscal, económico, ambiental, societario, todos respaldados por el penal.

En este sentido, en México con el Código Nacional de Procedimientos Penales  incorpora aspectos de enorme trascendencia que marcarán, sin duda, los empresarios hacia un nuevo paradigma de la responsabilidad penal, aún muy discutido su concepción en el Derecho Penal en algunos países.  Así la incorporación de responsabilidad penal directa de las personas jurídicas, y la introducción de  delitos, tanto en el Código Penal Federal como en los propios de cada entidad federativa, tendientes a reforzar la legislación en el ámbito de los delitos que afectan a la corrupción y malas prácticas determinarán un nuevo camino para la actividad empresarial, el buen gobierno corporativo, la responsabilidad social corporativa, entre otras, que conllevará la necesidad de cambios de códigos de conducta con una mayor transparencia en de la gestión y, así, la disminución de prácticas de actos de corrupción o delictivos que sólo lesionan y ponen en peligro a todos lo que se relacionan con la organización. Los retos que aún el compliance debe enfrentar, en especial para el caso de las compañías transnacionales: (i) mapear adecuadamente el riesgo ético y de cumplimiento en los distintos países donde tenga presencia, lo que depende del comportamiento y aspectos psicológicos, sociales y culturales; y (ii) establecer mecanismos de relación con otras entidades que tenga implementado un compliance, esto es, cualificar el valor de su implementación en terceras partes, por lo que para dar mayor certeza al respecto se debe reforzar el due dilligence, así como llevar a cabo monitoreos rutinarios de las cadenas de suministro.

La primera es la creación de una auténtica cultura se basada en la ética, recordemos que no importa cuán buenos sean los procedimientos implementados, puesto que resultarán ineficaces si no creamos en toda la organización una auténtica «Cultura Compliance» desde la alta dirección hasta la base general de trabajadores.

Detrás de las leyes y normas de cumplimiento existen valores éticos y morales, pero lo cierto es que las normas prohíben conductas concretas que, son prohibiciones establecidas por el país de acuerdo a sus valores morales. Es la razón por lo que en las corporaciones y compliance es preferible hablar de buenas prácticas y de cultura empresarial, pero no de ética empresarial. No se  sanciona el comportamiento no ético, sino conductas contrarias a las normas. La cultura del cumplimiento se basa en valores y principios, pero que requiere su implementación en normas de conducta concretas para garantizar el respeto de los valores.

No debemos tomar en cuenta solamente los, por llamarlos de alguna forma, incentivos legales por la implementación de un programa de cumplimiento corporativo, pues el compliance se fundamenta más en principios que en reglas. Más que cumplir con normas y regulaciones es crear dentro de las organizaciones las buenas decisiones en situaciones difíciles. Los grandes escándalos corporativos fueron en esencia por problemas en el liderazgo ético. Por esta razón, los programas de cumplimiento deben tener como objetivo a aquellos directivos, ejecutivos y empleados más necesitados de guía de  sus valores, en pocas palabras, como se dice en la jerga popular: «de moral relajada», aquí es donde se hace equipo entre el  compliance officer y la organización, pues se debe identificar quienes se encuentran en esa situación para planear y establecer un programa de inducción a la cultura de cumplimiento, es por eso que se debe ir más allá y ver el comportamiento humano, para que se alcance el estándar de prevención.

A manera de paréntesis, el uso de la tecnología en la planeación del compliance y su seguimiento es primordial. Muchas compañías están atrasadas en sus plataformas tecnológicas, o bien, otras tantas se encuentran enredadas con la gran cantidad de información. Por lo anterior es determinante que el compliance Officer y la organización se encuentran capacitados en Biga Data y Data Analytics, para mejorar el monitoreo de riesgo, y así, identificar bien las necesidades de los ejecutivos y empleados a fin de brindarles una educación más ad hoc a sus actividades.

La revolución digital impone nuevas formas de relacionarse dentro y fuera de la organización, -¡consideremos algo!- cada vez más personas trabajan directamente en la nube de información, en plataformas digitales que eliminan capas de burocracia; por lo que va en incremento en muchas empresas la adquisición de equipos para negocio buscando hacerlas más ágiles y liberarlas de la rigidez de las grandes corporaciones. De lo anterior se presentan nuevos escenarios, presentando nuevos riesgos y responsabilidades inherentes al uso de algoritmos en la analítica de datos y al uso de la inteligencia artificial, así como el cuidado y protección de la información que se tiene. Sin duda, se presentan desafíos éticos y legales que incumben directamente al compliance, más allá de la protección de datos. Por eso digo: «el compliance nació por conceptos legales de responsabilidad legal, posteriormente se incorporó a la ética y, finalmente, lo que aporta en un mejor cumplimiento, pero no por la legislación sino desde el comportamiento».

El compliance comenzó con una aproximación legal, que entonces parecía ineficaz pero que brindaba herramientas y un marco para una mejor gestión y una mejora en la reputación de las empresas. Posteriormente, se fue incorporando la ética y, finalmente, hoy se usa una aproximación desde el comportamiento. Muchas veces los programas ya no se llaman solo de compliance, sino que se están renombrando, a medida que se centran más en aspectos de integridad y ética más que en aspectos únicamente legales.

Finalmente, se debe ver como una figura que no solo que está para vigilar, controlar y sancionar, sino principalmente para canalizar las dudas e implementar la adopción de la cultura de cumplimiento de los integrantes de la empresa. El verdadero efecto de prevención requiere una constante formación de las personas involucradas, pues de lo contrario no es posible pensar que de manera inmediata todos conocerán adecuadamente las normas internas para su cabal cumplimiento. No debemos olvidar que el compliance es el factor que propiciará un cambio de la cultura empresarial y que además recobrará los valores de la organización basados en las buenas prácticas regidas desde una total transparencia.

Adrián Alfonso Paredes Santana

Licenciado en Contaduría Pública y
en Derecho